Yo apliqué las dos maneras y me funcionó la moderna. Fui directa y le pregunté a mi esposo que era lo que deseaba saliendo conmigo y le dije que yo no estaba en edad para jugar a la secundaria. Que yo ya había sufrido mucho y qué si sus planes no eran serios, que le agradecería me lo comunicara para tomar una decisión. ¡Y en 4 meses me casé! Obviamente yo ya había evaluado las tres advertencias, además sabía que él deseaba algo serio conmigo, me habló de hijos en el primer mes de conocerme sin siquiera ser novios y de repente me hacía bromas acerca del tema. Por eso la importancia de las advertencias, o de cualquier forma te ayuda a poder tomar una decisión y no perder tu tiempo que es lo más valioso que tienes.

Incluiremos aquí el tema de pagar la cuenta: siempre hay peleas sobre quién paga y quién no, para evitar estas situaciones es mejor que cada uno se pague lo suyo, o se invite de cara a que la próxima vez lo haga la otra persona. Pero para ello tiene que haber confianza y un deseo conocido por ambas partes de que se quiere repetir la cita. Nada de pagar el chico porque sí.


Al movilizar personas para que se involucren en un esfuerzo comunitario, no se sabe al principio quién va a comprometerse y quién no.  A veces la gente puede sorprendernos. Puede haber una persona callada y tímida que simplemente se ofrezca de voluntario para llenar sobres y que luego se transforme en un dedicado miembro del grupo que inspire a los demás a trabajar. Es necesario recordar que todos tienen el potencial de comprometerse con las metas de la organización. Por lo tanto, cuando alguien aparezca en la puerta ¡hay que estar listo!
Es algo que pasa muchísimo, piensas que vas a estar mejor sin él (por el motivo que sea), y con el tiempo te das cuenta que no era tan malo como parecía. El problema es que lo dejaste tocado, con la moral por los suelos, y es probable que ya no confíe en ti. Aún así, ya veremos la solución más adelante. Por ahora, solo quiero que te plantees si es tu caso.
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